Urgencias móviles en tiempos de Gripe A

Domingo, Julio 19th, 2009

Los médicos de radio reciben un llamado tras otro. Las centrales de teléfonos tampoco dan abasto. Dicen que se nota el miedo al H1N1 en la calle, y procuran llevar calma a la gente.

LEONEL GARCÍA

Se ha llegado a superar el 50% de asistencias a domicilios respecto a inviernos anteriores. Sobrecarga laboral en la primera línea de combate a la epidemia.

Freddy, el chofer, pone primera en la Renault Kangoo. Son las 15.14. El doctor Pedro Keuchkarián avisa a la base que la unidad 505 de la UCM está operativa. En el furgón de la camioneta, móvil de radio, se ven bultos aptos para cualquier emergencia, soportes vitales hasta que llegue una ambulancia. Otras valijas tienen vías y sueros, necesarios para cualquier maniobra invasiva. No hay mucho respiro. A las 15.16, a través de un celular con un software adaptado, la central anuncia el primer paciente: tos, decaimiento, una impregnación viral. Es un hombre de 40 años, que vive en la calle Minas, que había llamado al mediodía. Arrancan.

Todo el día es así. Bastará que Keuchkarián avise a la central que está libre, para que de ahí le envíen otro caso para atender. A la base de Bulevar España y Enrique Muñoz llegan recién a eso de las 21, para la media hora reglamentaria de descanso. Conviene dilatar hasta entonces los llamados de la naturaleza. Y en tiempos de la epidemia de gripe A, haya casos o no, todo su turno, que culmina a la medianoche, la tiene como protagonista.
Un coprotagonista es el propio médico, que tapabocas mediante atiende a todos aquellos con síntomas sospechosos. Aquel hombre de 40 años tenía un cuadro viral, posiblemente una gripe común, aún reconociendo que hoy -cuando el Ministerio de Salud Pública (MSP) indicó en un comunicado que la H1N1 ha desplazado a la influenza estacional, llegando al 80% del total de casos- es complicado saber cuál es una u otra. Enseguida atenderá otra situación similar en un joven de 24 años que vive en Germán Barbato. Había llamado a la mañana y fue atendido a las 16.24. “Una gripe común y corriente”, sostiene Keuchkarián, quien también es jefe de Emergencias del Hospital Militar. “Para cualquiera de estos casos, la solución es siempre la misma: cama, calor, cariño y cuidarse, las 4C”.
Otro coprotagonista son los pacientes. “Estamos teniendo mucho más trabajo, y también se nota más miedo en la gente. Cuanto atendemos estos casos, la preocupación (de ellos) es saber, directamente, si se padece la gripe A. Entonces vos le das los consejos sobre cuáles son los síntomas de alarma: falta de aire, fiebre alta, dolor torácico localizado; decirles qué tipo de personas son más pasibles de sufrir complicaciones: los diabéticos, las mujeres embarazadas, los niños pequeños, los adultos mayores, o todos aquellos con problemas respiratorios o cardíacos crónicos”, enfatiza el médico.
Transcurren apenas instantes entre el aviso de “móvil libre” y una nueva llamada. Una diarrea, presumiblemente luego de un episodio de influenza, en la Ciudad Vieja. Cuando pasan las 19 horas y el frío arrecia surgen cinco cuadros gripales casi consecutivos, son tres mujeres y dos hombres de entre 18 y 37 años. Dos de ellos pueden considerarse sospechosos de tener la enfermedad tristemente de moda: es un adolescente en el Centro que acaba de volver de Argentina y una mujer de Pocitos que ha estado en contacto con gente que viajó hacia ese país. Un panorama esperado al término del asueto invernal. No son casos graves, ninguno de ellos presenta comorbilidad alguna. Pero eso impide que estén nerviosos. “La pregunta típica es `cómo voy a evolucionar`. Y ahí empieza a tallar la magia del médico, que tiene que generar confianza, ser algo así como el brujo de la tribu”, sostiene Keuchkarián. Nuevamente, se recomienda higiene, alimentación sana… y las 4C.
El barbijo y alcohol en gel son indispensables antes de cada consulta. Pero no todos los casos lo ameritan. El doctor asiste a un caso de lumbago. “Si está tosiendo, enseguida me pongo el tapabocas”. No hace falta. Un caso aparte cuando, según este médico, el 80% de las asistencias que se hacen están vinculadas a patologías respiratorias. “Este tipo esperaba que llegara un doctor hacía seis horas. Pero no se quejaba; al contrario, daba las gracias por venir. Y yo le digo: `El agradecido soy yo, ¡al fin veo algo diferente!`”
La gripe A no deja de ser nunca el tema central. Circulando por 18 de Julio, Keuchkarián no disimula su inconformismo. “Mirá lo que es la conciencia uruguaya, nadie está usando barbijo”. La radio del móvil pide ubicación a las unidades. La otra radio, la común y corriente, anuncia la confirmación de otras dos muertes por la gripe A en Colonia. Freddy, el chofer, comenta que su esposa, auxiliar de servicio en la cocina de una escuela, fue a trabajar con tapabocas, algo que nunca antes había hecho. A las 0 horas culmina su turno; 15 pacientes atendidos con el único descanso reglamentario en la base. Es el promedio habitual de tareas. Pero días atrás habían asistido a 24 domicilios.
Primera línea. Con algo más de un millón de afiliados a las emergencias médicas móviles, éstas se consideran la primera barrera de contención frente a la pandemia. Pero es una barrera que está, según reconocen sus responsables, sobrecargada y saturada. En los peores momentos, a fines de junio, y solo en Montevideo, llegaron a hacer 5.000 atenciones domiciliares diarias, según un comunicado de la cámara que las nuclea. Esto es un 50% más de la demanda habitual invernal.
Y a la mayor demanda se le suman las bajas de su personal; entre un 10% y 20% de los profesionales está con certificado médico. Esto ha provocado situaciones como que la directora técnica de SUAT, Marta Martinotti, haya tenido que subirse a las ambulancias y móviles para hacer las guardias; situación que, admite, no es habitual.
Y es en los llamados “código 3″ donde se nota la mayor sobrecarga. Son aquellos en los que no hay un riesgo inminente y potencial de vida, a los que asisten los vehículos de radio y no las ambulancias. Aproximadamente el 90% de las consultas domiciliarias entran en esta categoría, cualquier gripe incluida, a menos que el paciente en cuestión presente alguno de los factores de comorbilidad, lo que inmediatamente lo recategoriza en un código 1 ó 2. En el ya citado comunicado de la Cámara de Emergencias Móviles, se indicaba que estos llamados no urgentes podían tener demoras de 24 horas. “Y si la pandemia sigue aumentando junto con la demanda, la espera para un servicio podría llegar a las 48 horas”, señala Jorge Díaz, gerente médico de la UCM y directivo de la cámara.
LLAMADAS. “Hoy está siendo un día tranquilo, por suerte”, dice el doctor Gabriel Brandolino, responsable de las llamadas telefónicas que llegan a SEMM. Es viernes. Un día “tranquilo”, empero, significa que hay “solo” 30 consultas en espera, que deberán aguardar unos 20 minutos para ser respondidas, y que hacer una pausa para ir al baño es casi una utopía. Aún así, durante los días de actividad “pico” a causa de los temores que genera la gripe A, las llamadas en espera sumaron entre 300 y 400, y cada asesoramiento médico llegó a dilatarse hasta tres horas. En esta época, en años anteriores, cuando los fríos golpeaban con más dureza, las llamadas que aguardaban por una respuesta profesional “apenas” llegaban a las cien.
Llama Juan, de 27 años. Atiende Brandolino. “Dígame los síntomas… (teclea infección respiratoria aguda)… Estaremos ahí dentro de una o dos horas, ¿ok?” “Okey” parece ser la respuesta al otro lado de la línea. Juan ha tenido suerte. Hay pacientes que han llegado a tener esperas de ocho horas. Brandolino también fue afortunado, no recibió ninguna grosería como respuesta. Esa es otra de las delicias de estos tiempos de gripe A que los propios operadores en las llamadas reconocen, pero son muy discretos a la hora de dar detalles.
“Yo no recuerdo haber tenido días como éstos”, señala Brandolino, en uno de los pocos momentos libres entre las llamadas que no cesan, pese a lo “tranqui” del día. “Estamos absolutamente desbordados. Se nota que hay miedo en la gente, pero yo no me aventuraría a decir que se trata de una psicosis. Es que casi todos los que llaman tienen, efectivamente, cuadros respiratorios”.
Cuadros respiratorios y no gripes, se apresura a aclarar. “La gente llama gripe a cosas que no lo son, como una simple virosis. Cuando vos escuchás frases como `tengo gripe pero igual voy a trabajar`, tenés que tener claro que no existe tal cosa. ¡Si vos realmente tenés gripe no te podés ni mover del malestar que sentís!” Interrumpe, y vuelve a tomar una llamada, cuyos datos ya han sido recepcionados en una cabina de la mesa atendida por los doctores. “El médico va para allá. Hasta luego”. “¿Siguió haciendo fiebre?… La pasamos a controlar”. “¿Le dio algo para bajar la temperatura?… Novalgina, causalón, o algo similar… A la tarde vamos”. Así transcurre el día “tranquilo”; y el hombre continúa sin poder ir al baño.
Si en la UCM o en SUAT hay tres categorías de emergencia, en SEMM hay cinco. Los códigos 4 y 5 son los llamados menos urgentes, e incluyen los cuadros gripales, salvo si se presentan complicaciones. Esta clase de emergencias están identificadas con los colores azul y amarillo y son, por mucho, los tonos más notorios en un monitor que muestra un mapa de Montevideo. Casi la mitad de los casos, un 40% de acuerdo con el director técnico de esta emergencia, Enrique D`Andrea, tienen lugar en la zona sur, aquella que va de Pocitos a la Ciudad Vieja, donde se concentra la mayor cantidad de población. En Pocitos, zona dominada por los edificios de apartamentos, los puntos azules y amarillos son tan visibles en ese monitor que llegan a superponerse.
Si los servicios de emergencia móvil se han convertido en una especie de primera línea de combate contra la pandemia, los doctores que reciben los llamados y anuncian la demora son los que sufren la angustia de los usuarios. Sobre todo si se trata de padres sensibilizados ante las imágenes casi hollywoodianas de hospitales colapsados y barbijos.
La pediatra Rosana Sáez, de SUAT, tiene el cansancio reflejado en el rostro. También vive un día tranquilo. Pero en los primeros días del estallido de la gripe H1N1, sus oídos le dolían: “¡Mi hijo se va a morir!”, “¿Tres horas? ¿Y para eso pago el servicio?”, salpicadas con ordinarieces que, pudorosa, no quiere contar. “Vos le tenés que tratar de explicar que los casos considerados graves, y que ameritan un envío inmediato del móvil, son solo los que tienen riesgo de vida”, agrega.
Muy raramente un cuadro gripal lo sea, pero es más que difícil que lo entienda un padre desesperado.
“Todo el mundo está con temor y es razonable”, dice el doctor Gabriel Cedrés, jefe de la cabina en Suat. “Pero todavía no sabemos los números reales de esta epidemia que agarró al país en el peor momento. Se habló mucho de México, pero ahí el problema estalló cuando el verano estaba cerca de comenzar. No sé si la gripe A es más mortal que la otra. Datos extrapolados de otros países dan a entender que no. Lo que sí, es mucho más contagiosa. Puede haber más muertes, pero en un número mayor de enfermos”.
Los operadores recogen las llamadas, los médicos las clasifican o reclasifican y los operarios de radio asignan un móvil: una ambulancia en caso de emergencia o urgencia, o un móvil en las saturadas consultas de radio. Eso es una generalidad entre las empresas. En la UCM, las 16 cabinas siguen trabajando a full. El gerente médico Jorge Díaz dice que durante el “pico”, llegó a entrar una llamada cada seis segundos.
Las consultas por asesoramiento médico son otro tema. Quienes querían evacuar dudas han tenido que esperar hasta tres horas para una respuesta. Los operarios destacan que el temor en la población ha llegado a derivar en preguntas insólitas u otras que, directamente, parecen broma: “Me siento mal de la garganta, ¿puedo igual comer conejo?”, recuerdo uno de ellos. El miedo ha hecho que se consulte hasta por las bondades de dar una novemina a quien tiene fiebre. La psicosis -hay médicos que no dudan en emplear ese término- ha hecho que varios usuarios hayan exagerado los síntomas propios o de familiares para una atención más rápida. “Eso es producto de la hiperalarma reinante. Una de las cosas que ha provocado que estemos desbordados es que hemos ido a atender simples resfríos”, afirma Díaz.
La H1N1 no configura una emergencia
Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, una emergencia “urge” más que una urgencia. La primera, “un código 1″, significa un riesgo real e inmediato de vida: ataque cardíaco, dolor en el pecho, el paciente no respira, un accidente automovilístico con heridos. Se sale de inmediato.
En un “código 2″, la urgencia, si bien hay un riesgo potencial, también hay un tiempo razonable para que llegue el médico: un cólico nefrítico o una fractura. Todas cuestiones que, pese a que surja una complicación, pueden esperar entre media hora y cuarenta minutos. En ambos casos asiste una ambulancia, que es una suerte de CTI rodante.
En los “código 3″, hoy sobresaturados, las respuestas pueden demorar hasta unas tres horas (en tiempos normales). Asisten vehículos más pequeños. Si hay un caso de gripe donde el paciente forma parte de la población complicada, se recalifica de inmediato a una categoría superior.
“Se han triplicado los llamados en pediatría”
En sus salidas recientes, y forzadas por el personal enfermo, la directora técnica de SUAT, Marta Martinotti, ha encontrado un gran nerviosismo en los padres, que pretenden un diagnóstico “inmediato”. Son los más asustados en un invierno en que las consultas en pediatría, en la emergencia que dirige, se han triplicado respecto a años anteriores.
Pese a las demoras en las llegadas a los domicilios, Martinotti dice que no ha tenido ningún inconveniente. Distinto es el caso de los telefonistas, el primer contacto con el padre de un chico enfermo (ver aparte). “Cuando llega el médico, ya están más calmos”.
El nerviosismo no tiene porqué pasar a los más chicos. Martinotti recuerda haber atendido a un alumno de un colegio donde hubo un brote. “`Fijate -decía- en clase somos 27, empezamos el día con 13 y terminamos con 7`. Quería saber si tenía la `gripe del chancho`, y también porqué seguía con clases”.
Emergencias dixit
Enrique D`Andrea
Director técnico de semm
“Somos la primera línea de combate a la gripe A. Si no hubiera sido por el trabajo de las emergencias móviles, el sistema sanitario hubiera colapsado. No hay otra estructura capaz de absorber la gran cantidad de llamados diarios que estamos teniendo. Ni en mutualistas ni en el MSP hay tanta capacidad locativa o de personal”.
Jorge Díaz
gerente médico de ucm
“La gran mayoría de los llamados que estamos teniendo son por patologías respiratorias, un 40% más que en años pasados. En el caso de las gripes ya no importa saber si es estacional o H1N1. ¿Por qué? Porque éstas son hoy el 80%. Por eso ya no se hacen exudados, salvo en pacientes graves, o cuando hay un brote”.
Padres entre el temor y las incógnitas
Las autoridades del MSP llaman a la calma. Desde las emergencias móviles se asegura que, más allá de ser más contagiosa, el tratamiento en un caso de gripe A no difiere de un cuadro de influenza común. Pero esto no basta en momentos que, reconocen los médicos, se vive una suerte de hiperalarma.
El joven de 17 años comenzó con tos, algo de fiebre y un fuertísimo resfrío. Llegó la médica de la mutualista y para sorpresa del chico y su madre, dijo: “Por ahora no le daremos Tamiflú, esperaremos 24 horas más para ver cómo le sigue la fiebre”. La temperatura se mantuvo estable, el resfrío no paró, pero el chico, asmático, comenzó con problemas bronquiales. La médica había dejado las previsiones del caso. Pero a los dos días, ninguno de los dos inhaladores lograban calmarlo. Fue en ese momento, ya entrada la noche, que la mujer decidió llamar a la emergencia móvil de la que eran socios. Al hablar de broncoespasmo con la operadora, el vehículo llegó en media hora, no más. Pero, con cara de agotado, el doctor sentenció que el adolescente estaba bien, “limpio” según sus palabras. Le dieron dos disparos de Ventolín, y señalaron que al otro día llamaran a su médica.
Sorpresa se llevaron madre e hijo cuando en el papel amarillo que dejan, éste decía “broncoespasmo leve”. O sea, no estaba tan limpio como se le había dicho, y que iba a ser leve era algo que los involucrados ya sabían: el joven tenía arriba varias horas de disparos de sus propios inhaladores. El chico se enojó: “Pero mamá, tú me sentiste los chiflidos desde el otro cuarto. ¿Cómo me va a decir que estoy bien?” “Están agotados, pero en definitiva te dijeron que estabas bien”, le respondió ella para calmarlo. Esa noche, con los pronósticos de que un 80% de las gripes son de tipo A, la madre se levantó cada media hora para vigilar al hijo. Dos semanas demoró en irse esa gripe. ¿Cuál? Aún no lo sabe

EL Pais Digital

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